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Se acabó el queso. Abrí la nevera y vi la coquita roja vacía. 

El día que fui a mercar ya no había. Pedir un domicilio o ir a la tienda… ambos son riesgosos. —¡Miércoles!— Nunca creí que algo así llegaría a preocuparme.

El  día que fui a mercar me sentí como Jon Snow preparándome para una larga temporada en la guardia de la noche. “Cuarentena is coming” diría él en spanglish. 

Anunciaron el primer muerto en la ciudad por el virus.

Me senté en el mueble gris de la sala y me  obligué a leer a Vargas Llosa. Pero el silencio de esa noche no encajaba con la palabra “Sábado”.

Vi un video donde el presidente se abrazaba con un alcalde que había dado positivo para COVID19.

¡Rayos!

—¡Están aplaudiendo, están aplaudiendo! —Gritaron mis hijas mientras corrían hacia el balcón.

Corrí tras ellas.

Las palmas se escuchaban de uno y otro lado con timidez, hasta que alguien a lo lejos gritó: ¡Bravo! 

Había pasión es sus palabras.

Salieron otras familias, y otras, y muchas más. A lo lejos sonó el himno nacional: 

¡Oh gloria inmarcesible, Oh júbilo inmortal, en surcos de dolores, el bien germina allá!

Nada tan emotivo como esas letras. Sentí amor de patria, me sentí parte de un  pueblo fuerte; de una  humanidad sensible, de mundo capaz de cambiar; y sí, como diría nuestra diva @grisales333 “Me ericé”.

El aplauso era para nuestros héroes, los trabajadores de la salud. Aunque creo que en el fondo también es para cada uno de nosotros que estamos dando la pelea de una u otra forma.

Volví a la sala, tomé el libro de nuevo pero no lo abrí. Una estrofa del himno seguía sonando en  mis adentros. 

La tarareé, recordé mi niñez, pensé en un futuro donde la bandera ondee libremente al viento.

Supe que esa frase había sido escrita para estos tiempos y que esta era una hermosa oportunidad para que, efectivamente, comprendiéramos sus palabras.

Y entonces, sentado en le mueble gris, las canté en voz baja, pero con una fe alta:

¡La humanidad entera, que entre cadenas gime,

Comprende las palabras del que murió en la cruz!

Tú que me lees, ¿quieres saber algo? Me encanta leerte. Cuéntame que sentiste cuando empezaron los aplausos. ¡Nos leemos !

PDTA: Ya sé que después circuló la información de que aplaudir en los balcones es riesgoso. Pero no te adelantes a la historia y cuéntame qué sentiste la noche de los aplausos.

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