El rítmico sonido de unos tacones activó mi radar hormonal; yo tenía apenas 17 años. Aquel sonido pasó detrás de mí. No la había visto aún, pero mi vida ya estaba conectada a la de ella por eso que llaman el hilo rojo del amor; ese que tarde o temprano une los caminos...
Le quité el seguro a mi arma. El hombre continuó acercándose. Yo custodiaba los bajos de la Estación San Antonio del Metro. Servir como policía a las dos de la mañana en el centro de Medellín era algo complejo. La oscuridad saca a la luz las peores facetas del ser...